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carbon4

número.1

enero - febrero 09

crónica.del.espectador

Index 2: Pulsión en la Galería Hilario Galguera

"Este cielo se esta derrumbando"

Por: Ruy Feben (1)


“Anda, mira por ese agujero”. La situación se presta para una ocasión porno bastante singular: no sé si sentirme como la versión XXX de Alicia en el País de las Maravillas, o dejarme llevar por la paranoia y aludir a un posible desastre en un baño de antro gay. Parece olvidado pero, por lo que me dice la guía, el ínfimo agujero en la pared es una obra de arte. Por fin cedo a la invitación, acudo a mi voyeur y aprieto mi ojo contra la tablaroca del muro. Del otro lado hay un video, en loop infinito, de una stripper. Y no, contrario a la expectativa de mi guía, no me sorprendo. Es decir, no es la primera vez que me enfrento con esta forma de “arte del estruendo”.

Sin embargo no soy experto en arte. Así me lo dije desde un principio, y resolví ir a ver “Index 2: Pulsión”, en la galería Hilario Galguera (Francisco Pimentel #3), con mis canales sensibles completamente abiertos. La experiencia comienza desde que llego a la San Rafael, una colonia que en mi infancia significaba una historia de los abuelos, o quizá alguna ida al teatro Fábregas. Cuando crecí, la colonia, con todo y su pasado pomposo, se convirtió en una laguna geográfica. Debo confesar que encontrar una galería de arte contemporáneo, como la Galguera, compartiendo cuadra con talleres mecánicos y descuidadas escuelas de gobierno es en sí misma una experiencia estética. ¿Así se habrá sentido Damien Hirst cuando expuso aquí?

Victor Hugo

 

 

 

 

 

Victor Hugo Pérez
Mujer peinándose, 2008
Óleo y aereosol sobre tela
185 x 185 cm












Por fin entro en la galería: un edificio antiguo, pero remodelado desde la fuente hasta la iluminación. Las primeras pinceladas que veo, de Víctor Hugo Pérez, me atraen en un primer momento. Es un cuadro más bien grande: metro ochenta por metro ochenta, cuya mejor descripción es una palabra de moda: naive. Pero algo tiene de oscuro: el texto de la izquierda habla del amor, y lo equipara con un juguete. El misterio cede a la ternura: pensamiento adolescente en un dibujo de trazos eufóricos, sin duda tiene algo de siniestro, como la música de una cajita de muñecas en un cuarto con las luces apagadas, emoción que se redondea al ver el resto de la obra de Víctor. Portadas de libros vaqueros intervenidas con imágenes religiosas, contrapuestas a una pintura novohispana. “Se me figura a Basquiat”, dice sin empachos mi guía. Entonces la ternura me rebasa.

Bejamin Torres

 

 

 

 

 

Benjamín Torres
Interview, 2008
Revistas intervenidas
184.2 x 147.8 cm









En lo sucesivo, el recorrido me parece un viaje en la montaña rusa. Primero subo, observo el paisaje: la intervención a revistas de Benjamín Torres me cautiva (después de todo, trabajo en revistas y puedo entender el humor de ubicar una foto pornográfica en un inserto publicitario); luego levanto las manos y la paso bien: el trabajo de arte perceptual de Oliver Mardsen me provoca jugar por un rato: el op art siempre me ha hipnotizado. Me siento obligado a volver a la ficha curatorial. “La armonía por diferencia y la noción de goce son la meta y el referente que fundamentan esta selección”. Y sí: el juego de “La Madre Pródiga” de Daniel Lezama (que me recuerda a Diego Rivera, por alguna razón) con las fotos noventeras de Sante D’Orazio me remite a una composición del tipo favela conceptual. Incluso las solas metáforas de Lezama, o la foto del Alarma que Omar Rodríguez-Graham ha reconstruido, me arrancan un impulso emocional. Después de haber recorrido casi toda la puesta, por fin me siento identificado con la imagen que sangra por la boca, con el niño vestido de guerrero águila. Al observar con detalle la técnica de Mauricio Limón en su retrato que parece paisaje (o viceversa), me siento finalmente cerca de esta exposición. Por fin estos tres artistas me han dicho algo, en medio del estrambótico ruido que me parece el resto de la puesta.

Omar Rodriguez-Graham

 

 

 

 

 

Omar Rodríguez-Graham
Repose, 2008
Óleo sobre tela
160 x 190 cm









Mauricio Limon

 

 

 

 

 

Mauricio Limón
Paula, 2008
Óleo sobre tela
150 x 100 cm

 

 










Recorro de regreso la exposición, ya inspirado por Lezama, y Rodríguez-Graham, y Limón, con la esperanza de ahora sí encontrarme con el resto de la obra, y no lo logro. De inmediato me viene a la cabeza eso que Bono decía en “Love me, thrill me, kiss me, kill me”: “you don’t know what they’re doing, baby, it must be art”. Me pregunto si será cierto, si estos lenguajes rotos y el escándalo de facto serán el goce del arte, el cielo que el arte ha buscado tanto tiempo. A punto de dejar la sala, vuelvo a mirar un collage de Victor Hugo Pérez: sobre la imagen de una actriz porno que tiene entre sus piernas a la virgen de Guadalupe, hay una frase que parece responder desde otro paraíso: “este cielo se está derrumbando”.

Imágenes cortesía de Galería Hilario Galguera
www.galeriahilariogalguera.com

(1) Ruy Feben nació dos veces. La primera el 2 de julio de 1982; la segunda, una noche de 1999. Después de coquetear con la actuaría y la ingeniería y la administración de empresas, finalmente estudió Comunicación en la UIA, para después darse cuenta de que lo suyo, lo suyo, es la literatura y la música. Desde 2002 se dedica a escribir compulsivamente para diversos medios de comunicación. Actualmente lo hace en la revista Chilango. Tiene un ejercicio literario novelado (que a él le gusta ver como, ejem, una novela, llanamente), llamado "El Chanfle de Fanfurrias", online. Hoy trabaja en su primera novela en serio, así como en un proyecto de minificciones.

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