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número.2

abril - mayo 09

crónica.del.espectador

Monstruos o ¿Quién Tiene la mano? en la galería EDS

Los monstruitos del arte

Por: Ruy Feben (1)


Me encuentro solo, en el centro justo de una de las habitaciones de la galería EDS, y observo la fotografía de un Shrek-títere que observa un cuadro que, en una dimensión animada, podría ser de Pollock. Doy un sorbo a mi jugo de naranja, y de pronto me percato de que presentar esta exposición en un brunch (casi numerológicamente agendado un 14 de febrero) tiene cierto grado de ironía. Es decir: preparar un evento poco usual en el medio de las galerías de arte (un desayuno a destiempo que obedece más al evento que al hambre pura) para observar fotografías de un Spiderman (artesanal, realizado seguramente por migrantes salvadoreños en Estados Unidos) observando a otro Spiderman (de Lego, cuadrado y perfecto) en plena Condesa podría ser fácilmente un cliché. Y de cierto modo lo es: no somos muchos los que hemos venido a la inauguración de “Monstruos o ¿Quién tiene la mano?”. Y sí: casi todos nosotros (yo incluido) podemos entender de primera mano el snobismo del ritual de contemplar nuestro propio snobismo caricaturizado. La diferencia es precisamente esa: que entendemos que éste es un ritual cómico, que en algún universo paralelo, el arte es pura comedia, en el sentido aristotélico, como debiera ser siempre. Los otros asistentes llevan niños y perros, como si el arte, y el brunch, y la confrontación del espectador con el propio hecho de observar, fuese parte de la más taciturna rutina. Doy otro sorbo a mi jugo y sonrío: definitivamente, si la cosa de comprar arte se tratara sólo de estar de acuerdo con el mensaje, compraría una de estas fotografías y la colgaría de inmediato en mi sala. Sandra Valenzuela, la artista, se me acerca: “no olvides llevarte un souvenir”, y me entrega una cajita de la que emerge la pequeña fotografía de un Batman de Lego. Perfecto para ponerlo en la puerta del refri.

No me ha tomado más de media hora recorrer la exposición entera, y, aunque me siento satisfecho, algo me falta. Sospecho que la propia ficha curatorial me queda corta, como si en el fondo de cada una de las fotos reptara una verdad universal que hay que sacar a fuerza de revisiones. La cosa está así: todas las fotos muestran pequeños juguetes tejidos de personajes ficticios norteamericanos observando a los mismos personajes, pero fabricados por una juguetería internacional. En una primera lectura, uno no puede evitar referirse a la propia artificialidad del espectador (y del comprador) de arte. En un segundo momento, la reflexión se vuelve un juego: los pequeños juguetes sostienen ínfimas copas de vino tinto y recrean un clásico encuentro de los entendidos acerca de cosas de arte, una parodia del propio hecho de creerle al arte y a su entorno. En un tercer episodio, sale a relucir la conciencia social: los juguetes artesanales, tejidos, hechos a mano por migrantes que adaptan su trabajo al trajín de la demanda (¿Qué niño gringo podría resistirse a Bob Esponja al alcance de su dedo? ¿Qué niño gringo preferiría una muñeca indígena por sobre el figurín de Batman?), observan su versión “bien hecha”, cuadrada, estilizada, publicitaria. En un último momento, la cosa se vuelve demasiado buena: el arte como detractor de la sociedad.

Victor Hugo

 

 

 

 

 

© SANDRA VALENZUELA
Monstruos o ¿Quién tiene la mano? (Coleccionista), 2008












Me intrigaba imaginar cuál sería el razonamiento detrás de esto. ¿Sería que me estaba enfrentando con otra chavita pretenciosa que cree que puede hablar de arte así nomás? La respuesta me aturdió: “Me basé en Deleuze. Lo estudié cuando estaba en Nueva York. Me gustaba sobre todo el tema de la economía de escala y la economía de aglomeración. De algún modo, las representaciones que uso tienen una primera base en esas ideas”. Sandra lo dice mientras juguetea con un Lego de Bob Esponja y Patricio, en su pequeña casa de la Escandón, a la que apenas se ha cambiado. Si se mira con atención, su casa, todavía en montaje, podría parecer el preámbulo de un montaje publicitario, a los que Sandra está más que acostumbrada: se ha dedicado a hacer publicidad durante años. Lo dice sin empachos: “En mi obra no hay una crítica de facto a la imagen publicitaria. Es decir, claro, uno siempre puede tener una lectura política. Por el contrario, tener experiencia en publicidad me ha ayudado a hacer todas las mariconadas que quiero, a darme mi tiempo. Por ejemplo, las copitas de los muñecos las llené con jeringa”. Sandra desenmascara un arte que, más que conceptual, podría llamarse obsesivo: la tomó casi un año conseguir sus figurines, y confiesa una suerte de manía por la cita. No sólo es Deleuze, sino Edward Bernags, referencias al sistema social chino, Thomas Struth. La pequeña Sandra es una cajita llena de referencias, reflexiones y declaraciones sinceras: “sí, esta expo es como muy comercial, pero es parte del asunto: expresar la propia fragilidad de mi trabajo”. Así que respiro: su trabajo, después de todo, es una trabajada reflexión alrededor del propio hecho de hacer arte.

Pero yo no soy experto en arte, y me quedo con el hecho de haberme identificado con la obra. Después de todo, refuerza lo que yo mismo pienso de buena parte del quehacer alrededor del arte. Pienso en una frase de Paul Auster: “We construct a narrative for ourselves, and that's the thread that we follow from one day to the next”. Entonces Sandra saca otra reflexión: “en el arte es imposible no mancharse, y seguramente tendré muchas críticas. Por ejemplo, alguien dirá que las copas que usé son de champagne, y yo usé vino tino”.

Imagen cortesía de galería EDS
atlixco 32 col. condesa c.p. 06140, méxico d.f. tel. +52 (55) 5256 2316

(1) Ruy Feben nació dos veces. La primera el 2 de julio de 1982; la segunda, una noche de 1999. Después de coquetear con la actuaría y la ingeniería y la administración de empresas, finalmente estudió Comunicación en la UIA, para después darse cuenta de que lo suyo, lo suyo, es la literatura y la música. Desde 2002 se dedica a escribir compulsivamente para diversos medios de comunicación. Actualmente lo hace en la revista Chilango. Tiene un ejercicio literario novelado (que a él le gusta ver como, ejem, una novela, llanamente), llamado "El Chanfle de Fanfurrias", online. Hoy trabaja en su primera novela en serio, así como en un proyecto de minificciones.

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